El argumento cosmológico intenta probar que Dios existe al mostrar que no pueden existir un número infinito de regresiones de causas para todas las causas que existen. En otras palabras, no puede haber un número infinito de causas que regresen en el tiempo para siempre. Básicamente, esto significaría que no hubo una primera causa, y sin una primera causa, no hay una segunda, ni tercera, ni cuarta, etc. para llegar a este momento. Por lo tanto, establece que debe haber una causa final no causada de todas las cosas. Esta causa no causada es Dios.

Este argumento toma formas diferentes pero una estructura básica se presenta a continuación:

El Argumento Cosmológico

  1. Las cosas existen
  2. Es posible que esas cosas no existan.
  3. Todo lo que tiene la posibilidad de no existir, sin embargo existen, han sido causadas para que existan.
  4. Algo no puede traerse a sí mismo a existencia, ya que debe existir para traerse a sí mismo a existencia, lo cual es ilógico.
  5. No puede haber un número infinito de causas para traer algo a la existencia.
  6. Una regresión infinita de causas no tiene, en última instancia, una causa inicial, lo que significa que no hay causa de existencia.
  7. Debido a que el universo existe, este debe tener una causa.
  8. La causa no causada debe ser Dios.

El Argumento CosmológicoLa Versión de Tomás de Aquino (1224-1274)

Su célebre «argumento del movimiento» o «vía del primer motor» partía de una observación empírica: todo cambio o desplazamiento en el universo requiere una causa externa. Aquino argumentó que nada puede ser causa eficiente de su propio movimiento, por tanto, debe existir una cadena causal que necesariamente conduce a un primer motor inmóvil. No puede haber una regresión infinita de movedores (quienes ponen en todo en actividad). Por lo tanto, debe haber un Movedor inamovible. Este Movedor inamovible es Dios.

  • «Dios, el Señor, creó los cielos y los extendió; la tierra y todo lo que hay en ella. Él es quien da aliento a cada uno y vida a todos los que caminan sobre la tierra. Y es él quien dice» (Isaías 42:5).

Las Fortalezas del Argumento

Las fortalezas del argumento cosmológico descansan tanto en su simplicidad como en su concepto fácilmente comprensible de que no puede haber un número infinito de causas para un acontecimiento. Algunos argumentos para la existencia de Dios requieren más pensamiento y entrenamiento en términos y conceptos, pero este argumento es básico y simple. También es perfectamente lógico afirmar que los objetos no se traen a existencia por sí mismos y que por lo tanto, tienen causas.

La Debilidad del Argumento

Una de ellas es que si todas las cosas necesitan una causa para existir, entonces, Dios mismo debe también, por definición, necesitar una causa para Su existencia. Pero esto solo hace retroceder la causalidad e implica que debe haber un número infinito de causas que no pueden ser.

Pero, sería cierto si se ofrece la siguiente declaración: “Todas las cosas que existen deben tener una causa, entonces Dios necesitaría una”. Pero, ¿es verdad que todo lo que existe necesita una fuente? No lo sabemos, y esto requeriría una regresión infinita de causas que es lógicamente imposible.

El problema correcto sería que todas las cosas que vinieron a existencia, deben tener una causa. Dios no vino a existencia. Dios siempre ha existido. Entonces, el argumento cosmológico funciona para el cristiano.

Fuentes de «EL Argumento Cosmológico»:

  • Douglas, J.D. The New International Dictionary of the Christian Church, Grand Rapids, MI: Zondervan, 1978.
  • Frame, John. Apologetics to the Glory of God, Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing, 1994.
  • Geisler, Norman. Baker Encyclopedia of Christian Apologetics. Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1999.
  • Christian Apologetics, Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1976.
  • Runes, Dagobert D. Dictionary of Philosophy, New York, NY: Philosophical Library, 1942.

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Por Matt Slick

Presidente y Fundador del Ministerio de Apologética e Investigación Cristiana. Matt obtuvo su Licenciatura en Ciencias Sociales en la Universidad Concordia, en Irvine, California en 1988. Obtuvo su Maestría en Divinidades en el Seminario Teológico de Westminster en Escondido, California en 1991.

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