¿Por qué Discipular a Nuevos Cristianos?

A la pregunta, ¿por qué discipular a nuevos cristianos? se debe responder, porque es un mandato del mismo Señor Jesús:

  • «19 Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20 enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».» (Mateo 28:19-20 — Nueva Biblia de las Américas — NBLA).

La anterior cita, es la primera y tal vez la única razón por la cual hoy día debemos discipular: fue ordenada por Jesús a Sus discípulos y debe ser, en sentido lógico, seguida por todo cristiano. A grandes rasgos y en los círculos cristianos esto se conoce como la Gran Comisión.

¿Por qué Discipular a Nuevos Cristianos?

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Pero ¿qué Significa ser un «discípulo»?

En la Biblia hebrea, la palabra para discípulo es «talmid» (plural: talmidim), derivada de la raíz למד (lamad), que significa aprender o estudiar. En el Viejo Pacto —especialmente en Isaías— aparece el término «limmud», describiendo a una persona enseñada, instruida o formada en una disciplina de vida. Ser talmid implicaba más que recibir conocimiento: era aprender a vivir conforme a lo que se aprendía, adquiriendo una forma de pensar, actuar y responder al llamado de Dios.

Jesús adoptó este mismo concepto en Su ministerio, al llamar a hombres y mujeres no solo a oír Su enseñanza, sino a seguirle, aprender de Él y reflejar Su carácter. Por eso, el discipulado cristiano tiene sus raíces tanto en la tradición hebrea del talmid como en la praxis de Jesús, quien convirtió a Sus seguidores en aprendices transformados por la relación con Su Maestro.

El Discipulado Personal y Por qué Discipular Nuevos Cristianos

Históricamente, el concepto de discipulado no era ajeno al mundo antiguo. Tanto en el pensamiento griego como en la tradición judía, el discípulo era alguien comprometido con su maestro, imitando su vida, adoptando sus valores y transmitiendo sus enseñanzas. No se trataba simplemente de acumular información, sino de reproducir el estilo de vida del maestro.

En el contexto judío, especialmente para los jóvenes mayores de trece años, el discipulado implicaba aprender bajo la guía de un rabino, estudiando la Torá y sus interpretaciones tradicionales. Este proceso no se limitaba al aula, sino que abarcaba toda la vida: el alumno observaba cómo su maestro oraba, servía, respondía y caminaba con Dios. Así, el discipulado formaba tanto el pensamiento como el corazón.

El Discipulado en el Nuevo Pacto

Para los cristianos, este principio alcanza su plenitud en la persona de Jesucristo, el Maestro por excelencia. Ser Su discípulo significa aprender de Él, vivir como Él y ayudar a otros a hacer lo mismo. Por eso, el mandato de Jesús en Mateo 28:20 no se limita a transmitir información, sino a formar obediencia:

«… enseñándoles a obedecer todos los mandatos que les he dado. Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos» (Mateo 28:20 — NTV)

El discipulado, entonces, es un llamado teológico y práctico que recorre toda la Escritura. Desde los profetas hasta los apóstoles, Dios ha formado a Su pueblo por medio de relaciones personales, enseñanza fiel y transformación espiritual. En los Evangelios y en Hechos vemos su expresión viva; y en las Epístolas, su aplicación continua en la vida de la Iglesia.

¿Por qué Discipular a Nuevos Cristianos?

¿Quiénes Deben Discipular?

El llamado que nace de la gracia recibida

«Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó» (Romanos 8:30 — RV60)

Todo creyente en Cristo, redimido por Su gracia y justificado por la fe, ha sido llamado también a discipular. El discipulado no es un privilegio de unos pocos, sino la responsabilidad natural de todo aquel que ha sido salvado. Quien ha sido alcanzado por la gracia del Evangelio, está llamado a compartirla con otros.

La salvación es un don gratuito de Dios, no el resultado de méritos humanos:

«Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9 — Nueva Biblia de las Américas — NBLA).

Por lo tanto, así como hemos recibido de gracia, debemos también dar de gracia (Mateo 10:8). El discipulado surge como una expresión viva de gratitud: enseñar, acompañar y formar a otros en la fe, tal como Cristo lo hizo con nosotros.

¿A Quién Se Debe Discipular?

El Alcance Universal del Llamado

El mandato de Jesús en la Gran Comisión abarca todas las naciones y todas las personas, sin distinción. El discipulado cristiano trasciende fronteras, culturas y condiciones espirituales.

  1. A toda persona en todas las naciones:
    1. No existe grupo excluido del llamado de Cristo. Debemos anunciar y enseñar a quienes no reconocen a Jesús como Dios y Salvador — incluyendo a aquellos que pertenecen a movimientos o religiones no cristianas, como testigos de Jehová, mormones, unicitarios, musulmanes o grupos sincréticos.
  2. A los nuevos creyentes:
    1. Todo aquel que ha recibido a Cristo necesita guía, instrucción y acompañamiento espiritual para crecer firmemente en la fe.
  3. A los creyentes estancados:
    1. Muchos cristianos han detenido su crecimiento espiritual. A ellos debemos acercarnos con amor y paciencia, ayudándolos a reencontrar el gozo y la dirección del Espíritu Santo en su caminar con el Señor.

El discipulado, por tanto, no es una actividad reservada para principiantes, sino una tarea continua que involucra a toda la Iglesia, edificando a los nuevos y renovando a los maduros.

¿Por Qué Se Debe Discipular?

Razones bíblicas que sustentan la misión formativa de la Iglesia

El discipulado no solo es un mandato de Jesús, sino una necesidad espiritual para el Cuerpo de Cristo. Discipulamos porque hemos sido enviados a enseñar, edificar y perfeccionar a los santos (Efesios 4:12-13). A continuación, algunas razones fundamentales:

1. Para enseñar y perfeccionar a todo creyente:

  • «… y enseñamos a todos con toda la sabiduría que Dios nos ha dado. Queremos presentarlos a Dios perfectos en su relación con Cristo» (Colosenses 1:28 — NTV).

2. Para ser ejemplo y modelo de vida cristiana:

  • «… sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza» (1ª Timoteo 4:12 — NBLA)

3. Para transmitir las enseñanzas de Cristo que conducen a la santificación:

  • «Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación …» (1ª Tesalonicenses 4:2-3 — RV60)

4. Para ser obreros aprobados que manejan fielmente la Palabra:

  • «Esfuérzate para poder presentarte delante de Dios y recibir su aprobación. Sé un buen obrero, alguien que no tiene de qué avergonzarse y que explica correctamente la palabra de verdad» (2ª Timoteo 2:15 — NTV)

5. Para crecer en amor y santidad:

«12 Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos … 13 para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre …» (1ª Tesalonicenses 3:12-13 — RV60).

6. Para preservar y enseñar la sana doctrina:

  • «3 … para que instruyeras a algunos que no enseñaran doctrinas extrañas, ni prestaran atención a mitos y genealogías interminables, lo que da lugar a discusiones inútiles en vez de hacer avanzar el plan de Dios que es por fe» (1ª Timoteo 1:3-4 — NBLA).

Conclusión de «¿Por qué Discipular a Nuevos Cristianos?»

Necesitamos creyentes que permanezcan firmes en la Roca, no dudando «… porque una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro …» (Jacobo 1:6).

El discipulado es el camino por el cual la Iglesia se fortalece, el Evangelio se encarna y Cristo es formado en Su pueblo. No discipular es descuidar el corazón mismo de la misión.

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Por Carlos E. Garbiras

Carlos Enrique Garbiras es Director general en Ministerio de Apologética e Investigación Cristiana (MIAPIC). Actualmente, sirve en predicación y enseñanza de la Palabra de Dios en Bogotá, donde dirige además la Escuela de Estudios Teológicos MIAPIC.