Artículo 01 — ¿Qué es realmente el cristianismo? Conocer el Evangelio. Comprender las Escrituras. Examinar los fundamentos de la fe.
Serie: Fundamentos de la fe cristiana
Muchas personas han tenido algún contacto con el cristianismo. Han escuchado hablar de Jesús, conocen la cruz como símbolo, celebran fechas relacionadas con la tradición cristiana o han participado alguna vez en una iglesia. En países cuya historia y cultura han estado profundamente relacionadas con el cristianismo, incluso puede resultar natural identificarse como cristiano por tradición familiar o cultural. Pero conocer algunos elementos del cristianismo no necesariamente significa comprender qué es realmente el cristianismo.
El cristianismo no puede reducirse a una herencia cultural, una institución religiosa, un conjunto de ceremonias o simplemente un código de conducta moral. En su centro se encuentra una persona: Jesucristo. Y alrededor de Su persona se encuentra una noticia que los primeros cristianos llamaron el Evangelio. Por tanto, para comprender qué es el cristianismo debemos comenzar por su centro.
1. El centro del cristianismo es Jesucristo
La palabra «cristianismo» está inseparablemente relacionada con Cristo. «Cristo» no es el apellido de Jesús. El término procede del griego Christós y significa «Ungido». Corresponde al concepto hebreo de Mesías. Cuando los cristianos confiesan a Jesús como el Cristo, están afirmando que Él es el Mesías prometido y enviado por Dios.
Sin embargo, el cristianismo no presenta a Jesús simplemente como un maestro religioso que enseñó determinados principios morales. Tampoco lo considera solamente uno más entre los grandes personajes religiosos de la historia. Jesús ocupa el centro de la fe cristiana. El Evangelio de Juan declara:
- «En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios».
— Juan 1:1.
Y posteriormente afirma:
- «El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros …».
— Juan 1:14.
Estas afirmaciones nos introducen en una doctrina que requiere un estudio mucho más amplio: la identidad de Jesucristo. Por ahora basta establecer una verdad fundamental: no podemos definir adecuadamente el cristianismo separándolo de la persona de Cristo. El cristianismo existe porque Jesucristo está en su centro.
2. El cristianismo anuncia un acontecimiento
El cristianismo no está fundamentado solamente en las enseñanzas de Jesús. También está fundamentado en acontecimientos que sus primeros seguidores proclamaron como hechos ocurridos en la historia.
El apóstol Pablo resume el corazón de esa proclamación:
- «3 Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras».
— 1 Corintios 15:3–4.
Observe la secuencia: Cristo murió, fue sepultado y resucitó.
La muerte y la resurrección de Jesucristo no constituyen elementos secundarios de la fe cristiana. Forman parte de su núcleo. Por esta razón, el cristianismo no puede reducirse simplemente a expresiones como «amar al prójimo», «hacer el bien» o «seguir las enseñanzas de Jesús». Aunque el amor, la justicia y una vida transformada forman parte de la vida cristiana, el mensaje cristiano comienza anunciando lo que Dios hizo en Jesucristo.
Antes de hablar de lo que el ser humano debe hacer, el Evangelio anuncia lo que Dios ha hecho.
3. ¿Por qué murió Cristo?
La afirmación de Pablo contiene una expresión fundamental: «Cristo murió por nuestros pecados» (1 Corintios 15:3 — Énfasis añadido). Esto introduce el problema que hace necesaria la buena noticia.
La Biblia enseña que el ser humano fue creado por Dios, pero también que el pecado entró en la experiencia humana. El pecado no consiste únicamente en cometer determinados actos considerados moralmente incorrectos. En su dimensión más profunda expresa nuestra rebelión contra Dios y nuestra transgresión de Su voluntad. Pablo declara:
- «por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios».
— Romanos 3:23.
Por tanto, el problema fundamental del ser humano no es solamente social, económico, político, psicológico o educativo. Aunque todas esas dimensiones de nuestra existencia son importantes, la Escritura identifica un problema todavía más profundo: nuestra relación con Dios ha sido afectada por el pecado.
Aquí comienza a comprenderse por qué la muerte de Cristo ocupa el centro del cristianismo. Jesús no vino simplemente para proporcionarnos un ejemplo de comportamiento. Su misión está directamente relacionada con nuestra necesidad de reconciliación con Dios.
La doctrina del pecado requiere un estudio propio. Por ahora debemos conservar esta verdad fundamental: Si no comprendemos el problema del pecado, difícilmente comprenderemos por qué el Evangelio es una buena noticia.
El cristianismo anuncia una buena noticia
La palabra «Evangelio» significa buena noticia. El Evangelio no comienza diciendo que el ser humano debe esforzarse lo suficiente para alcanzar a Dios. Comienza anunciando que Dios ha actuado.
Pablo explica:
- «… Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo …».
— 2 Corintios 5:19.
La reconciliación presupone que existe una relación que necesita ser restaurada. Precisamente por eso la obra de Cristo es central. Dios no ignoró el pecado ni simplemente declaró que este carecía de importancia. En Jesucristo actuó para proporcionar reconciliación.
Por eso el cristianismo no presenta la reconciliación con Dios como el resultado del esfuerzo humano por alcanzarlo. El Evangelio comienza anunciando que Dios ha tomado la iniciativa. Dios actúa en favor del pecador. Cristo viene, muere, resucita y Dios ofrece reconciliación. Esto es lo que convierte al Evangelio en una noticia antes que en un conjunto de instrucciones.
5. El Evangelio demanda una respuesta
Sin embargo, escuchar la buena noticia no es lo mismo que responder a ella.
Al comenzar Su ministerio público, Jesús proclamaba:
- «El tiempo se ha cumplido», decía, «y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntanse y crean en el evangelio».
— Marcos 1:15.
Aquí aparecen dos conceptos fundamentales: arrepentimiento y fe.
El arrepentimiento implica un cambio de mente y orientación con respecto al pecado y a Dios. La fe significa confiar en Cristo, descansando en Él y en Su obra. Por eso el cristianismo no consiste solamente en aceptar que Jesús existió. Tampoco basta reconocer intelectualmente determinados datos acerca de Su vida. La proclamación cristiana llama al ser humano a arrepentirse y creer en Jesucristo.
Más adelante será necesario estudiar cuidadosamente cómo enseña la Escritura que somos salvos y cuál es la relación entre gracia, fe, obras, justificación y nueva vida. Pero antes de entrar en esas doctrinas debemos establecer el principio fundamental: el Evangelio no solamente comunica información acerca de Cristo; llama al ser humano a responder a Cristo.
6. El cristianismo conduce a una nueva vida
La reconciliación con Dios no deja al ser humano exactamente como estaba. Pablo escribe:
- «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas».
— 2 Corintios 5:17.
La expresión «en Cristo» describe una nueva realidad para el creyente. Esto significa que el cristianismo tampoco puede reducirse a identificarse externamente con determinada tradición religiosa. La fe cristiana involucra una transformación que afecta la relación del creyente con Dios y, como consecuencia, la manera en que comienza a comprender y vivir su existencia.
Esta nueva vida no significa perfección inmediata. El creyente continúa creciendo, aprendiendo, enfrentando el pecado y siendo transformado. Pero existe una diferencia fundamental: ahora pertenece a Cristo. Por eso podemos hablar de una relación verdadera con Dios.
Sin embargo, debemos expresarlo cuidadosamente. A veces se escucha decir que «el cristianismo no es una religión, sino una relación». La frase intenta comunicar algo importante, pero puede resultar insuficiente si se entiende como si la fe cristiana fuera simplemente una experiencia personal y subjetiva.
La relación cristiana con Dios descansa sobre realidades objetivas:
Dios existe.
Dios ha hablado.
Jesucristo vino.
Cristo murió.
Cristo resucitó.
Dios llama al ser humano al arrepentimiento y a la fe.
La experiencia cristiana surge de esas verdades; no las sustituye.
7. Entonces, ¿qué es realmente el cristianismo?
Ahora podemos responder nuestra pregunta inicial.
El cristianismo no es simplemente haber nacido dentro de una cultura históricamente cristiana. No consiste únicamente en pertenecer a una institución religiosa. Ni es solamente aceptar determinados valores morales. Tampoco puede reducirse a conocer información acerca de Jesús.
El cristianismo es la fe centrada en Jesucristo, el Hijo de Dios, y en la obra salvadora que Dios realizó por medio de Él. Cristo murió por nuestros pecados y resucitó; por medio de Él, Dios llama al ser humano al arrepentimiento y a la fe, ofreciéndole reconciliación y vida.
Esto nos permite reconocer una secuencia fundamental:
Dios ha actuado.
Cristo vino, murió por nuestros pecados y resucitó.
El Evangelio es anunciado.
El ser humano es llamado al arrepentimiento y a la fe.
Quien está en Cristo recibe una nueva vida.
Conclusión — Volver al «centro»
A lo largo de la historia, alrededor del cristianismo han surgido instituciones, tradiciones, expresiones culturales, debates teológicos y numerosas denominaciones. Algunas de estas cuestiones serán importantes y deberán estudiarse en su debido momento. Pero ninguna de ellas debe impedirnos reconocer el centro.
El centro del cristianismo es Jesucristo y la buena noticia de lo que Dios ha hecho por medio de Él.
Por eso, antes de preguntarnos por las diferencias entre iglesias, tradiciones o sistemas doctrinales, necesitamos comprender primero los fundamentos de la fe cristiana.
Y esto nos conduce inmediatamente a una pregunta todavía más profunda. Si el cristianismo anuncia que Dios actuó en la historia, envió a Su Hijo y ofrece reconciliación al ser humano por medio de Él, debemos preguntar:
¿Quién es Dios?
Esa será nuestra siguiente pregunta.
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