Explorando el Origen del Universo

Explorando el Origen del Universo

Este artículo, Explorando el Origen del Universo, pertenece a la serie Fe y Ciencia. Es, además, otra perspectiva del argumento teológico ya publicado en nuestra página de MIAPIC.

Explorando el Origen del Universo: El Argumento Cosmológico

El origen del universo ha fascinado a la humanidad desde tiempos inmemoriales, atrayendo tanto a científicos como a filósofos, creyentes y escépticos. Una de las ideas más antiguas y perdurables para abordar esta pregunta es el argumento cosmológico, que busca explicar por qué existe algo en lugar de nada. Desarrollado por pensadores como Aristóteles y refinado por Tomás de Aquino en la Edad Media, este argumento no pretende ser una prueba científica irrefutable, sino una reflexión lógica sobre la causalidad.

La Versión Clásica del Argumento Cosmológico

Es conocida como el argumento de Kalam. Se afirma que todo lo que comienza a existir tiene una causa, el universo comenzó a existir y, por tanto, debe tener una causa primera. Este ensayo explora la lógica de este argumento. Además, ofrece analogías accesibles y examina tanto su defensa contra la idea de una regresión infinita de causas como críticas neutrales a esta noción. Al hacerlo, nos enfocamos en su conexión con descubrimientos científicos modernos, como la teoría del Big Bang, para invitar a un diálogo abierto entre perspectivas teístas y ateas.

La Lógica en el Argumento Cosmológico: Explorando el Origen del Universo

La estructura del argumento cosmológico es sencilla y se basa en premisas observables. Comencemos por los pasos fundamentales, inspirados en la formulación de Aquino y el argumento de Kalam:

1. Todo lo que comienza a existir tiene una causa

Esta premisa se deriva de nuestra experiencia cotidiana: nada surge de la nada. Un libro no aparece en una mesa sin un autor o un proceso de impresión; de igual modo, eventos o entidades con un inicio requieren una explicación causal externa. La autocreación es lógicamente imposible, ya que implicaría que algo existe antes de existir.

2. El universo comenzó a existir

Aquí entra la evidencia empírica. El universo no es eterno, sino finito en el tiempo. La segunda ley de la termodinámica indica que la energía utilizable en un sistema cerrado se agota con el tiempo; si el universo fuera infinito, toda su energía se habría disipado hace eones, y no observaríamos orden ni complejidad actual. Además, la expansión del universo, medida por el corrimiento al rojo de las galaxias, apunta hacia atrás a un punto singular hace unos 13.800 millones de años, conocido como el Big Bang. Esta «explosión» primordial no fue una mera dispersión de materia preexistente, sino el inicio del espacio, el tiempo y la materia misma.

2.1. ¿Qué significan las frases «la expansión del universo» y, «medida por el corrimiento al rojo de las galaxias»?

Por la expansión del universo entendemos que las galaxias se están alejando unas de otras con el tiempo. Es como si el universo fuera un globo que se infla. Y la segunda frase, es el fenómeno que ocurre cuando la luz de las galaxias que se alejan se desplaza hacia el rojo en el espectro de luz. Es un indicador de que las galaxias se están moviendo lejos de nosotros.

3. Por tanto, el universo tiene una causa

Combinando las premisas anteriores, el universo —como entidad contingente (que podría no existir)— debe depender de algo no contingente, una causa primera que no requiera causas previas. Esta causa debe ser eterna, inmaterial y poderosa, trascendiendo el espacio-tiempo.

La premisa clave que evita una cadena interminable de causas es que no puede haber una regresión infinita de acontecimientos. Esto significaría que el universo es infinitamente viejo, o que universos pasados lo fueron, requiriendo que una cantidad infinita de tiempo se atravesara para llegar al presente —lo cual es imposible, ya que un infinito real no se «recorre» en un tiempo finito. En términos simples: sin un punto de partida, nada podría avanzar.

Analogías para Ilustrar el Argumento

Para hacer esta lógica más tangible, consideremos dos analogías cotidianas.

Primera Analogía

Es la de una fila de dominós cayendo. Imagina una cadena infinita de dominós extendiéndose hacia atrás: para que el último caiga, todos los anteriores deben haber caído primero. Pero en una secuencia infinita, nunca habría un dominó inicial que recibiera el empujón, por lo que ninguno caería. El universo, con sus eventos secuenciales (estrellas naciendo y muriendo, galaxias formándose), es como ese último dominó: su «caída» (existencia actual) requiere un empujón primordial, no una cadena sin fin.

Segunda Analogía

La de una cadena de producción en una fábrica. Cada paso —ensamblar una pieza depende de la anterior— necesita un inicio: el encendido de la máquina. Si la cadena fuera infinita, la fábrica nunca produciría nada, ya que siempre habría un paso previo pendiente. Aplicado al cosmos, el Big Bang actúa como el «encendido», pero incluso este evento singular apunta a una causa externa, ya que no explica su propio surgimiento. Estas imágenes no prueban el argumento, pero ayudan a visualizar por qué una regresión infinita no resuelve el enigma del origen, sino que lo complica.

Implicaciones Científicas Modernas Acerca del Origen del Universo

El argumento cosmológico gana fuerza con la cosmología contemporánea. La teoría del Big Bang, propuesta por Georges Lemaître en 1927 y confirmada por observaciones como la radiación de fondo de microondas (detectada en 1965 y descrita como un «eco» de la explosión inicial), sugiere un universo con un comienzo absoluto. El telescopio Hubble y misiones como Planck han mapeado esta expansión, mostrando que, retrocediendo en el tiempo, el universo se contrae a una singularidad donde las leyes físicas colapsan. Esto alinea con la premisa de un «principio», ya que un universo eterno violaría principios como la entropía creciente.

¿Evoca el Big Bang el Génesis Bíblico?

La ciencia no nombra a la causa primera; deja espacio para interpretaciones. Para algunos teístas, el Big Bang evoca el Génesis bíblico: En el principio, Dios creó los cielos y la tierra. Para ateos, podría implicar leyes naturales impersonales. Lo clave es que estas evidencias científicas —expansión, degradación termodinámica— rechazan un cosmos estático o cíclico infinito, apoyando la necesidad de un origen causado.

Defensa Contra la Regresión Infinita

La objeción más común a este argumento es que una regresión infinita de causas (o universos) es posible, evitando la necesidad de una causa primera. Los defensores responden que esto confunde un infinito potencial (como números en matemáticas) con uno actual (en la realidad). Un infinito actual de eventos pasados implicaría que hemos «atravesado» un lapso ilimitado para llegar aquí, lo cual es lógicamente absurdo: es como contar hasta el infinito antes de empezar una tarea. Además, cada causa en la cadena sería contingente, dependiente de otra, dejando sin explicación la existencia total. La causa primera debe ser necesaria —eterna y autosuficiente— para anclar la realidad, como argumenta Aquino en su «vía del primer motor»: todo movimiento requiere un motor inmóvil inicial.

Esta defensa es robusta porque se basa en la intuición causal humana, corroborada por la física: incluso en mecánica cuántica, fluctuaciones «de la nada» ocurren en un vacío preexistente, no ex nihilo absoluto.

Una Crítica Neutral a la Regresión Infinita

Aun así, es justo examinar críticas neutrales. Algunos físicos, como Stephen Hawking, proponen modelos donde el tiempo se «cierra» en sí mismo, como en un universo sin fronteras, evitando un «principio» singular y permitiendo una especie de eternidad sin regresión lineal. Otros invocan el multiverso: nuestro Big Bang podría ser uno de infinitos, diluyendo la necesidad de una causa única. Estas ideas, aunque especulativas, desafían la premisa de un tiempo lineal finito, sugiriendo que la causalidad podría no aplicarse más allá de nuestro horizonte observable.

Críticamente, estas propuestas no eliminan la regresión; solo la desplazan a un meta-nivel (¿qué causó el multiverso?). Además, carecen de evidencia empírica directa, dependiendo de extrapolaciones matemáticas. No refutan el argumento, pero invitan a humildad: la ciencia evoluciona, y lo que hoy parece infinito podría revelarse finito mañana.

Conclusión de «Explorando el Origen del Universo»: Una Invitación a la Reflexión

El argumento cosmológico no resuelve todos los misterios del cosmos, pero ofrece una lente lógica para contemplar el origen: un universo causado apunta a algo —o alguien— trascendente. Para cristianos, evoca un Creador personal; para ateos, quizás leyes impersonales eternas. En última instancia, invita a todos —creyentes y escépticos— a maravillarnos ante el «porqué» del ser. Como dijo el astrónomo Robert Jastrow, para el científico, el Big Bang es como llegar a las puertas del cielo solo para encontrar un teólogo adentro. Que este argumento nos impulse a explorar más, con mente abierta y rigor intelectual.

Por Carlos E. Garbiras

Carlos Enrique Garbiras es Director general en Ministerio de Apologética e Investigación Cristiana (MIAPIC). Actualmente, sirve en predicación y enseñanza de la Palabra de Dios en Bogotá, donde dirige además la Escuela de Estudios Teológicos MIAPIC.