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Por, Tony Miano
Editado por, Matt Slick

¿Es la oración del pecador bíblica? En parte sí y en parte no. Es bíblico que un creyente que ha pecado, le ore a Jesús para perdón de sus pecados. Pero no es bíblico decirle a alguien que es salvo «debido a que repitió la oración del pecador». Es bíblico confesar los pecados de uno y pedir perdón; colocar la confianza, esperanza y fe en Cristo y Su sacrificio en la cruz. Pero una vez más, no es bíblico darle a una persona seguridad de la salvación sobre la base de repetir una oración o porque simplemente repitió algunas frases. La salvación es la obra de Dios y la manifestación de esta es vista en la confesión pública de las personas.

Sin embargo, queremos decir que los elementos de la oración del pecador son bíblicos. Sin embargo, también queremos ser claros que una persona no es salva «porque repitió una oración». La fe, la confianza y la esperanza nunca deben colocarse en la oración. Más bien, todo lo anterior debe ser colocado en Cristo por medio de la presentación apropiada del mensaje de salvación el cual consiste en la presentación de la ley (de que somos pecadores delante de Dios y merecemos juicio) y del evangelio (de que por medio de la fe y la confianza de lo que Cristo hizo en la cruz al llevar nuestros pecados y morir por ellos es que podemos ser salvos del justo juicio de Dios). Las personas deben arrepentirse de sus pecados y creer el evangelio. Esto es lo que la Bíblia dice:

  • «y diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio» (Marcos 1:15).
  • «Ahora os hago saber, hermanos, el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes, 2 por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano. 3 Porque yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras» (1ª Corintios 15:1-4)
  • «y después de sacarlos, dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30).

¿Qué no estamos diciendo acerca de la oración del pecador?

Muchos cristianos tienen una oración de arrepentimiento y fe como parte del testimonio de su conversión. Sabemos que hay verdaderos seguidores de Jesucristo, amantes de Él y nacidos de nuevo, los cuales testificarán por siempre que alguien les compartió el evangelio y les pidieron que repitieran una oración, lo cual hicieron y fueron salvos. Este artículo no debe ser interpretado o analizado –de ninguna manera– para cuestionar la salvación de uno, porque se «repitió una oración».

Dicho esto, nadie es salvo porque «repitieron una oración». No es por repetir una frase o palabras de una oración lo que salva a alguien. Nosotros estamos contra la salvación por medio de fórmulas. Aquellos a quienes Dios escoge soberanamente para ser salvos (1ª Pedro 1:3; 2ª Tesalonicenses 2:13) y son traídos a Él por el Padre (Juan 6:44) pueden hacer una oración –ya sea con sus propias palabras o presionado por alguien– como parte de los primeros frutos de su salvación.

Hay muchos cristianos que testificarán de la gloria de Dios porque ellos repitieron una oración del pecador el día que Dios los salvó. Pero también, hay personas en el mundo que como resultado de ser «guiados» en una falsa oración del pecador, son ahora apóstatas y fueron falsos convertidos (Hebreos 6:4-6; 10:26-31). Ellos, les han dado la espalda a Cristo y han dejado la fe que pensaron que tenían porque verdaderamente nunca tuvieron un arrepentimiento genuino y fe en Cristo. Ellos son, y fueron falsos convertidos porque pusieron su esperanza de salvación al «decir palabras», o al «recitar una oración», o al «hacer esa cosa cristiana como oración», en vez de creer verdaderamente en Cristo para que les perdonara sus pecados cometidos contra Dios.

El propósito de este artículo no es desanimar a cristianos genuinos o hacer que ellos se cuestionen la autenticidad de su fe porque en el testimonio de su conversión se incluye una oración del pecador. Muchas personas han sido verdaderamente salvas al haber repetido algún tipo de oración del pecador. Más bien, el propósito de este artículo es advertir a los cristianos para que defiendan la predicación del evangelio bíblicamente; y que cuando una persona quiera creer en Cristo y recibirlo como Salvador, que esto sea hecho de forma apropiada.

Una historia familiar: La oración del pecador en el evangelismo

«¿Entiende usted lo que le he compartido?»
«Sí».
«¿Hay alguna razón por la que no quiera recibir a Jesús como su Señor y Salvador en estos momentos?»
«No. Creo que no».
«Maravilloso. Entonces, repita conmigo esta oración después de mí. No hay nada mágico en las palabras. Lo que importa es la condición de su corazón».
«¿La repito en voz alta?»
«Sí. Jesús dice que si usted lo confiesa delante de los hombres, Él lo confesará delante de Su Padre».
«¿Aquí mismo? ¿En este momento?»
«Bueno, esa es su decisión. Claro está. Pero, ¿qué podría ser más importante que estar seguro que usted está bien con Dios? Después de todo, el mañana no se le promete a nadie».
«Está bien».
«¡Grandioso! Sólo repita esta oración después de mí: Señor Jesús …»
«Señor Jesús …»
«Sé que soy pecador …»
«Sé que soy pecador …»
«Quiero que perdones mis pecados …»
«Quiero que perdones mis pecados …»
«No quiero pasar la eternidad en el infierno …»
«No quiero pasar la eternidad en el infierno …»
«Quiero estar en el cielo contigo …»
«Quiero estar en el cielo contigo …»
«Perdóname por favor …»
«Perdóname por favor …»
«Ven a mi vida …»
«Ven a mi vida …»
«Sálvame …»
«Sálvame …»
«Hazme una nueva criatura …»
«Hazme una nueva criatura …»
«Sé mi Señor y Salvador …»
«Sé mi Señor y Salvador …»
«Oro en el nombre de Jesús …»
«Oro en el nombre de Jesús …»
«Amén …»
«Amén …»
«¡Alabado sea Dios! ¡Bienvenido a la familia, hermano(a)…!
«Gracias».
«Ahora. Es importante que empiece a leer la Biblia y ore cada día. Y ahora, debe empezar a congregarse en una iglesia cristiana. Necesita estar con otros creyentes. Necesita ser discipulado. Necesita empezar el proceso de crecimiento continuo en su fe. Y aquí estoy yo para ayudarlo en todo lo que necesite».
«Está bien».

Sin duda, en la oración del pecador hay elementos bíblicos; pero no es la oración misma la que salva; y una vez más, debe quedar bien claro que por el hecho de haber repetido la oración, esta, no salva a nadie.

Esto sucede miles de veces cada día, alrededor del mundo. Sucede en las conversiones de uno a uno entre los amigos, los familiares y aun, los extraños. Sucede en las oficinas de pastores; sucede por el correo electrónico; en los chats, etc. Un cristiano bien intencionado comparte el evangelio con alguien (esperando que sea un evangelio consistente con la Palabra de Dios.) Quien escucha parece entender y aun, se muestra movido emocionalmente por la conversación. El cristiano, con buena disposición y sinceridad, le pregunta a la persona si quiere tener a Jesús como su Salvador personal. Si la otra persona responde favorablemente, entonces, el cristiano lo lleva a una oración del pecador.

La oración del pecador, una falsa conversión y la tradición

Esto es importante. Muchos cristianos cometen el gran error para nada bíblico de darle a la otra persona un sentido falso de seguridad en la salvación al asegurarle que es salva porque repitió una oración. De esta forma, muchas personas se alejan del evangelio, todavía muertos en sus pecados, porque creyeron lo que les habían dicho. «Creí en lo que mi amigo me dijo, y repetí la oración. Por lo tanto, ¡ahora soy cristiano!»

Existe una seguridad no bíblica en la oración del pecador (en vez del arrepentimiento y el creer en Cristo) que con mucha frecuencia me lleva a pensar que el evangelismo de los Estados Unidos está más cerca de Roma que lo ellos piensan. La razón, es que como la iglesia apóstata católica romana, la cual sostiene su tradición al mismo nivel o superior a la Palabra de Dios, el evangelismo de los Estados Unidos hace algunas veces lo mismo con sus propias tradiciones. En concreto, la oración del pecador es uno de esos casos.

Mi suposición con relación a esto es fácil de expresar. En pocas palabras …

No existe un solo versículo o pasaje en las Escrituras, ya sea en un registro narrativo o en textos prescriptivos o descriptivos con relación al uso de la oración del pecador en el evangelio. Ni uno solo.

Sin embargo, aquellos que proponen esta oración, citarán muchos versículos o pasajes de las Escrituras en un intento fallido para apoyar esta práctica no bíblica. Aquí tenemos varios:

  • «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Mateo 7:7).
  • «Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos. 11 El fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: «Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. 12 Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano». 13 Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: «Dios, ten piedad de mí, pecador». 14 Os digo que este descendió a su casa justificado pero aquel no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado» (Lucas 18:10-14).
  • «que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; 10 porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación» (Romanos 10:9-10).
  • «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad» (1ª Juan 1:9).
  • «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo» (Apocalipsis 3:20).

Una breve exposición de cada uno de los textos anteriores mostrara que no deben ser usados para apoyar la práctica de la oración del pecador.

¿Apoya Mateo 7:7 la oración del pecador?

  • «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Mateo 7:7)

Cuando se trate de interpretar las Escrituras, especialmente si uno está buscando establecer o apoyar una creencia o práctica como bíblica, no lea simplemente un solo versículo.

Lea muchos versículos. Lea pasajes completos. Lea capítulos enteros. Lea los libros. Permita que las Escrituras sean interpretadas por las mismas Escrituras. Revisemos el versículo de Mateo 7:7 en todo su contexto.

  • «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8 Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9 ¿O qué hombre hay entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, 10 o si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?» (Mateo 7:7-11).

El primer paso en la interpretación bíblica (hermenéutica), es la observación. En este paso, el estudiante hace tres preguntas básicas de cualquier versículo o pasaje establecido: ¿Qué dice el versículo? ¿Qué no dice el versículo? ¿Qué preguntas vienen a mi mente cuando leo el versículo?

Mateo 7:7, no dice nada acerca de evangelismo. Tampoco dice algo acerca de la conversión del perdido. No dice nada acerca de esto, ni tampoco lo que una persona no salva, debería o podría hacer para ser salvo.

Para poder entender correctamente el versículo, no solo debemos mirar los versículos circundantes, sino que también debemos revisar todo lo que se dice del sermón del Monte desde el principio:

  • «Y cuando vio las multitudes, subió al monte; y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a Él» (Mateo 5:1).

La principal audiencia de Jesús durante el sermón del Monte (Mateo 5-7), fueron Sus discípulos. Su audiencia más amplia era la multitud que le seguía a Él (Mateo 4:25). Jesús, empezó Su sermón con las bienaventuranzas, las cuales fueron usadas por Jesús para describir la vida cristiana. En Mateo 7:7, la audiencia principal de Jesús fue la misma; Sus discípulos, creyentes. Esta verdad se evidencia posteriormente por lo que Jesús dice en Mateo 7:11:

  • «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?»

«… ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos …» Las personas no salvas no cuentan con un Padre en el cielo; más bien, tienen un Juez en los cielos. Las palabras de Jesús acerca de «pidan» son palabras de instrucción y ánimo a los creyentes; no a los perdidos. Por lo tanto, creer que Mateo 7:7 apoya a que los incrédulos le pidan a Jesús que entre en sus corazones o que a Jesús los salve, es totalmente contrario a lo que el versículo realmente dice y significa.

¿Enseña Lucas 18:10-14 la oración del pecador?

  • «Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos. 11 El fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: «Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. 12 Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano». 13 Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: «Dios, ten piedad de mí, pecador». 14 Os digo que este descendió a su casa justificado pero aquel no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado».

Este es otro pasaje –con énfasis especifico colocado en Lucas 18:13– que muchos cristianos usan para justificar el uso de la oración del pecador en una estrategia de evangelismo. Después de todo, el publicano clamaba a Dios en oración.

Una vez más, el contexto es crítico para entender esta bella e importante parábola.

¿Quién era la audiencia de Jesús cuando Él compartió la anterior parábola? Sus discípulos. Pero había otras personas presentes, por lo tanto, debe regresar a Lucas 17:20-21 para descubrir quien más estaba ahí.

  • «Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió, y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles, 21 ni dirán: «¡Mirad, aquí está!» o: «¡Allí está!» Porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está» (Lucas 17:20-21).

Si se mira cuidadosamente en la parábola, la oración no es el enfoque principal. El punto que enfatiza Jesús es hacer hincapié en propia justicia y la arrogancia de pecado en los fariseos. La parábola era una acusación contra los fariseos; no un tratado de cómo una persona debe orar para entrar en el reino de Dios.

Lea nuevamente la parábola. ¿Por qué fue el publicano justificado? ¿Debido a su oración? ¡No! Fue su humildad la que ejemplificó la justificación recibida por Dios (cf. Romanos 8:30).

  • «Os digo que este descendió a su casa justificado pero aquel no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado» (Lucas 18:14).

Dios se opone al orgullo (el de los fariseos), pero Él da gracia a los humildes (el publicano). (Leer, Jacobo 4:6; 1ª Pedro 5:5). Es mucho mejor, y más preciso usar esta parábola tan tremenda para animar a los incrédulos a que se humillen delante de Dios que convencer erróneamente a los incrédulos de que ellos pueden reconciliarse con Dios si ellos repiten una oración. Una vez más, no es simplemente repetir una oración lo que salva a una persona.

¿Enseña Romanos 10:9-10 la oración del pecador?

• «que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; 10 porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación» (Romanos 10:9-10).

¿Quién es la audiencia de Pablo? ¿Creyentes o incrédulos? Él les está escribiendo a creyentes; a la iglesia en Roma. Los destinatarios de esta carta nunca hubieran tomado de este texto que Pablo estaba instruyendo a los incrédulos a repetir una oración para poder recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Ni tampoco sus lectores habían recibido la enseñanza de Pablo como una sugerencia, mucho menos como mandato para llevar a una persona no salva a una oración del pecador.

No encontraría ni un solo erudito legítimo de la Biblia que sugiera que las palabras de Pablo en Romanos 10:9-10 como ejemplo, ni de una oración del pecador o una sugerencia de que los creyentes deben llevar a los incrédulos tal oración o «de pedirles que Jesús entre en sus corazones». De hecho, no existe ningún lugar en la Biblia donde se diga que le pidamos a Jesús que entre en nuestros corazones.

Es también interesante ver cómo Pablo cambia las ideas de la confesión y del creer desde el v. 9 al v. 10. Pablo deja claro que la justificación es por fe (Romanos 1:17), la cual es antes que la confesión. La justificación entonces, no llega como resultado de la confesión, sino como resultado de la fe.

En Romanos 10:10, ambos verbos –»creer» y «confesar»– están en el presente pasivo indicativo en el texto griego. Esto significa que aquellos que son, realmente nacidos de nuevo, continuarán creyendo por fe, y que ellos continuaran confesando a Jesús como Señor. El texto en Romanos 10:10 de ninguna forma apoya la idea de una oración hecha una sola vez como medio de recibir salvación y el don de la vida eterna.

Agradezco a John Gill lo que escribió acerca de esta frase.

  • «Esto se debe entender no como una confesión de pecado, sin embargo, es adecuada y necesaria hacerla, tanto con respecto a la participación y el gozo de la salvación, particularmente al perdón de gracia y misericordia, y como un reconocimiento a los mandatos del evangelio; sino como una confesión de Cristo, como se desprende del versículo anterior, el cual descansa en un reconocimiento franco y abierto de lo que Cristo es en Sí mismo, el verdadero y propio Dios, el Hijo de Dios, el verdadero Mesías, el Mediador entre Dios y el hombre, y el único Salvador de los pecadores perdidos, y de nuestra fe en Él, con respecto a nosotros mismos, a nuestro perdón, aceptación y salvación en Él; en atribuir la totalidad de nuestra salvación a Él, y darle la gloria por esto; al declarar a las iglesias de Cristo lo que Él ha hecho por nuestras almas, y al sujetarnos a Sus mandatos. Esta confesión debe ser hecha tanto por palabras y hechos; debe ser abierta, visible y delante de los hombres; y también debe ser verdadera, de corazón y sincera; las palabras de la boca en acuerdo con la experiencia del corazón; y tal excelente profesión de fe, hecha delante de Dios, de los ángeles y de los hombres, que proviene altamente de todo lo que se cree con el corazón. Esta fue la práctica de los antiguos santos; sí, todas las naciones tienen, reconocen y profesan al dios que adoran; ¿y no deberíamos nosotros confesar a nuestro Dios, Salvador y Redentor?».[1]

Confesar a Jesucristo como Señor y Salvador es el modelo del seguidor de Cristo nacido de nuevo. Aquellos que son salvos –aquellos que por siempre serán salvos– son aquellos que confiesan a Jesús como Señor –no como un medio de salvación– sino como evidencia de que la salvación a la cual se aferran a quienes han sido originados por Dios y asegurados por Él en el cielo para toda la eternidad (1ª Pedro 1:3-9). Aquellos que afirman ser cristianos pero no confiesan a Jesús como Señor como en un curso y modelo regular de sus vidas, deben examinarse para ver si están aún en la fe.

  • «Poneos a prueba para ver si estáis en la fe; examinaos a vosotros mismos. ¿O no os reconocéis a vosotros mismos de que Jesucristo está en vosotros, a menos de que en verdad no paséis la prueba?» (2ª Corintios 13:5).

¿Enseña 1ª Juan 1:9 la oración del pecador?

  • «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad» (1ª Juan 1:9).

¿A quién se refiere «confesamos nuestros pecados» en el versículo? La audiencia de Juan. Él está escribiéndoles a los cristianos en la iglesia de Éfeso, así como también a los creyentes en la región. Los incrédulos no están incluidos en la forma plural del versículo, como se indica en la advertencia de Pablo a los hermanos, acerca de los falsos maestros (1ª Juan 2:18-27).

Dios es fiel y justo para perdonar los pecados de Sus hijos adoptados (Romanos 8:12-17). Hasta que Dios haga que la persona no regenerada nazca de nuevo (1ª Pedro 1:3), sus oraciones son abominación para Él (Isaías 1:15). Los cristianos deben llamar al arrepentimiento a los incrédulos y a que crean el evangelio (Marcos 1:15; Lucas 13:1-5): no a que repitan una oración de confesión y a creer en esta como el medio por el cuales ellos, entonces, serán salvos. Más bien, las personas necesitan creerle a Jesús y lo que hizo en la cruz.

¿Enseña Apocalipsis 3:20 la oración del pecador?

  • «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo» (Apocalipsis 3:20).

Estamos en constante oración para que llegue el día cuando los pastores, evangelistas y cristianos en general, dejen de proclamar un evangelio centrado en el hombre al malinterpretar Apocalipsis 3:20 y saquen una emocional, y muchas veces, una falsa respuesta del oyente.

Jesús no está de pie en la puerta cerrada con llave de algún anhelo del corazón humano corroído por el pecado deseando que lo dejen entrar. Jesús no necesita la aceptación de alguien. Todos necesitan de Su aceptación. Jesús no es el del cabello rubio, de ojos azules, de pie como un surfista en la puerta de su corazón esperando que Usted lo deje entrar a Él. Él es Dios; Él es soberano; no usted.

El contexto de los versículos anteriormente mencionados muestra a Jesús, no hablándole a los no salvos, sino a una iglesia desobediente. No es un versículo de evangelismo; ni tampoco debe ser usado como tal. Es un llamado a la iglesia al arrepentimiento.

Jesús nunca les preguntó a las personas para que lo dejaran entrar en sus corazones. Jesús no está solo sin el pecador persistente; Él no está persiguiendo a las personas esperando que algún día los atrape y los salve. Jesús no necesita nada de Su creación.

Jesús les ordenó a las personas que se arrepintieran y creyeran el evangelio. Él no busca ser aceptado. Él demanda obediencia. Y aquellos que obedezcan los mandamientos de Cristo, aquellos que se arrepientan y crean en el evangelio –sólo por la gracia de Dios, a través de la sola en solo Jesús– serán salvos.

Conclusión

Caminar por el pasillo central de una iglesia en respuesta a la invitación emotiva y afectuosa de un pastor, no salva a nadie. Pedirle a Jesús que entre en el corazón de alguien, no salva a una persona. Escribir la fecha en la parte de atrás de su Biblia para conmemorar su decisión de seguir a Jesús, no salva a una persona. Y repetir una oración tampoco la salva.

¿Pero puede Dios usar aun la oración del pecador en Su obra soberana de salvación? ¡Claro que sí! Pero necesitamos ser muy cuidadosos y no obligar a alguien a repetir una oración haciendo que coloquen su esperanza en eso para ser salvos. En este sentido, la oración del pecador ha hecho un gran perjuicio a Cristo y a incontables millones de personas que, como resultado de repetir una oración, pero nunca se han convertido, escucharán decirle a Jesús, «Jamás os conocí; APARTAOS DE MÍ, LOS QUE PRACTICÁIS LA INIQUIDAD» (Mateo 7:21-23).

Notas a pie de página:

[1] John Gill’s Exposition of the Entire Bible. Comments on Romans 10:10b.

Por Carlos E. Garbiras

Carlos Enrique Garbiras es Director general en Ministerio de Apologética e Investigación Cristiana (MIAPIC). Actualmente, sirve en predicación y enseñanza de la Palabra de Dios en Bogotá, donde dirige además la Escuela de Estudios Teológicos MIAPIC.

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